Una de las preguntas que más nos llegan habitualmente es ¿cómo se recicla el aluminio?

Y precisamente si el aluminio se caracteriza por algo, es por su rentabilidad en este proceso.

Pero antes de eso… ¿Cómo se fabrica?

El aluminio es un metal que procede de la bauxita. El proceso de extracción del aluminio, pese a ser uno de los elementos naturales más abundantes en el planeta tierra, es bastante costoso, lo que hace muy rentable su reciclaje. Además, casi todo el aluminio utilizado desde 1970 sigue en uso, ya que se usa y reutiliza para cosas que tienen una gran durabilidad, como por ejemplo piezas de aviones, bicicletas o ventanas.

La facilidad de su reciclaje es precedida sólo por la facilidad de su separación del resto de residuos, al poder hacerlo mediante un imán… Pero y cómo se diferencia del plástico?

En el caso del plástico existen cientos de tipos de plástico muy diferentes entre sí y muy difíciles de diferenciar y separar de otros desechos.

Al trabajar con el aluminio el proceso se simplifica, ya que aplicando un imán en una planta de reciclado puede separarse de los otros residuos. En cuanto al uso energético también es notablemente más rentable: solo se utiliza un 5% de la energía que se necesita para la primera extracción del metal.

¿Y cómo se recicla una lata de aluminio como la de Agua NEA?

Primero se separa del resto de residuos gracias a un imán gigante; luego las latas se cortan en fragmentos más pequeños y se limpian para eliminar residuos anteriores. El siguiente paso es convertir los pequeños fragmentos en grandes bloques para minimizar la oxidación y facilitar el transporte; posteriormente se funden los bloques en hornos que rondan los 750º centígrados; a continuación se retira la escoria y finalmente el aluminio fundido puede moldearse en lingotes y barras.

De cada una de las latas, podemos fabricar una lata nueva, infinitas veces, siempre que cada una de ellas haya sido reciclada en su contenedor correspondiente.

Y tú, ¿reciclas tus envases de aluminio #infinitamente?