Hemos visto alguna vez la noticia de la muerte de animales por la ingesta de partículas de plástico pero, ¿y si nosotros también las estamos consumiendo de forma inconsciente?

 

El plástico representa un problema para el planeta que afecta de forma grave y directa a la naturaleza y a los animales pero que, por extensión, también empieza a afectar a la salud de los humanos. La revista National Geographic publicaba hace un par de meses un artículo aterrador: el 90% del agua que consumimos contiene microplásticos.

 

La importancia de optar por alternativas al consumo de agua en plástico es una decisión de urgencia. Bien pero, ¿de dónde salen estos datos? El estudio publicado por la universidad de Fredonia, en Nueva York, dio como resultado que el 93% del agua embotellada estaba contaminada por partículas de plástico. Los investigadores tomaron como referencia botellas comercializadas en los 5 continentes y llegaron a la conclusión de que la presencia de microfibras plásticas en el agua embotellada puede llegar a ser del doble que en el agua del grifo.

 

La OMS no ha advertido consecuencias graves para la salud, pero las conclusiones extraídas tras la exposición al ambiente habitual en el que se encuentra un envase plástico (transporte, exposición a la luz solar, etcétera) vuelven a reforzar la idea de la necesaria alternativa. Siempre que haya una fuente de agua potable infinita, esa es la mejor opción. Ante la ausencia de esta y la necesidad del consumo en un momento concreto, proyectos como Agua NEA son los más puros para la salud y para la naturaleza. ¿Por qué? El envase de aluminio libre de BPA garantiza que no hay contaminación y que la substancia que tomamos para refrescarnos es agua mineral con todas las garantías de potabilidad.

 

El cambio viene de la mano de todos nosotros. ¿Empezamos?